A veces, cuando estoy en el pueblo, me pongo a hablar con personas de mi misma edad, y aún más mayores, de hechos que sucedieron en tiempos remotos. También, de esas voces desusadas que nombran cosas que ya no utilizamos; y de aquellas otras que, dando muestras de ser unos esnobs, muchos hispanohablantes han desechado y sustituido por extranjerismos.
Mencionamos a aquellos que nos precedieron y han desaparecido; y sacamos a colación costumbres y hábitos que ahora resultarían insólitos. Y una servidora es la que suele recordar las cosas con más claridad. La que hace el pasado presente con tanto detalle y pormenor que deja a sus interlocutores maravillados.
Y no es que posea una memoria prodigiosa (¡qué va!); ni que esté describiendo la realidad pretérita dando curso libre a mi imaginación (faltaría más). Lo que ocurre es que, cuando me fui del pueblo, todo lo que me circundaba quedó registrado en mi cabeza como una foto fija y así ha permanecido desde entonces.

No hay comentarios:
Publicar un comentario