domingo, 9 de junio de 2019

El día en que me sentí estafada


Hasta hace un mes hubiera asegurado que, en cuestiones de amor y de amistad, siempre había sido correspondida. Pero después de esa fecha, y a raíz de un chasco que me llevé, pienso si no soy una pobre ilusa a la que han engañado muchas veces.
En esta ocasión a la que aludo, descubrí que un amigo muy querido no había respondido con igualdad a la franqueza y lealtad que yo siempre le había demostrado; y, por increíble que parezca, el susodicho había permitido que viviera en el error durante años. 
Cuando me enteré de la verdad sufrí una especie de choque, y lo primero que me dije fue ¡qué tonta he sido! Luego, con el paso de las horas, la impresión de haber sido estafada se apoderó de mi ánimo; y la indignación y la rabia comenzaron a aparecer. 
Ahora, toda yo soy un revoltijo de sensaciones. Aparentemente, el cariño que sentía hacia el amigo traidor no se ha deteriorado; pero no sé lo que ocurrirá con el paso de los días. En mí anida la decepción, la incredulidad, la pena, la incomprensión... 

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