domingo, 9 de junio de 2019

Un paseo vespertino por el ayer


Charles Aznavour tiene una canción maravillosa que se titula “Ayer cuando fui joven”. Esta composición ha estado en mi vida desde la pubertad; y, a partir de ese tiempo en que los recuerdos empezaron a contar, cada vez que la oigo me invade la nostalgia.
Ahora tengo el disco sencillo entre las manos. Si lo pongo en el picú y dejo que la voz del cantante se esparza por la habitación, diversas imágenes de los años vividos aparecen en mi cabeza; y, junto con ellas, las sensaciones que entonces me causaron. 
Noto el sabor ácido del albaricoque verde como en el tiempo en que esa fruta sin madurar me chiflaba; el subidón de adrenalina que me producía el tirarme corriendo por una montaña abajo de la mano de una hilera de personas; el dolor que sentí cuando, a finales de un agosto, el chico del que me había enamorado ese verano tuvo que volver a la ciudad...
También me acuerdo de una minifalda de color rojo con cinturón ancho de hebilla; y de la primera vez que “los mayores” nos invitaron a un guateque a mis amigas y a mí.    De rosarios y novenas; y hasta de comulgar los nueve primeros viernes de mes, para tener la garantía de que no iba a morir en pecado mortal...
Y mientras Aznavour sigue cantando, en mi avanzar por el pasado yo ya he llegado a la Universidad. Experimento lo bien que me sentí en ella desde el primer momento; la sensación de libertad y como pude expandir mis ideas. Traigo a la memoria a cátedros cultísimos que, además de su asignatura, te instruían sobre los temas más diversos. 
Recuerdo a los amigos que hice allí. Y los escarceos amorosos que tuve; lo colgados que nos quedamos el uno del otro después de cruzar la mirada; y la primera vez que sentí tus manos por debajo del jersey...  

No hay comentarios: