Cuando los demás hablan de su media naranja, yo exactamente no sé qué quieren decir. ¿Se refieren a su alter ego o a su complemento? ¿A alguien que tiene las mismas virtudes y defectos que ellos, o a aquel que suple sus carencias? ¿A una mitad con la que estarían en permenente alternancia de admiración y rechazo, o a otra a la que acabarían tomando ojeriza por evidenciar sus imperfecciones?
El conviviente ideal ¿es el que tiene una capacidad de adaptación superlativa? ¿el que termina aburriéndonos porque a todo se aviene? No lo sé; supongo que depende de la personalidad de cada cual.
Lo que sí asevero es que, en una ocasión, me encontré con una creatura imposible de catalogar. Sucedió en una iglesia de Orihuela, en la Semana Santa de 1972. Yo estaba allí contemplando los pasos que iban a sacar en la siguiente procesión; y, de pronto, una voz a mi lado comenzó a verbalizar mis pensamientos. Me volví asombrada, y vi a un joven rubio y bien parecido que me sonrió; y, tras ello, hablamos y hablamos, reconociéndonos uno en el otro y llegando a perder la noción del tiempo. Luego me propuso ir a cenar; pero como yo me iba de la ciudad aquella misma noche, le dije que no.
¿Será verdad que cada uno de nosotros tiene una media naranja garbeando por ahí..?

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