Por los indicios de hoy puedo conjeturar lo que va a suceder mañana; pero, sin estas señales, soy incapaz de saber lo que está por venir.
Sin embargo, hace años, durante un verano que pasé en Cádiz, tuve la corazonada de que entre ese agosto y el del año siguiente, iba a ocurrir algo que partiría mi vida en dos. Que ese acaecimiento marcaría un antes y un después; y que en el después, yo ya no sería la misma persona.
Era una sensación muy inquietante que no me abandonaba nunca; y además, estaba segura de que fuera lo que fuera lo que iba a pasar, indefectiblemente se haría realidad.
Luego volví a Barcelona; y en el otoño, aparecieron nubes amenazantes en un cielo que siempre había sido azul. Y poco antes de Navidad sobrevino la tormenta...

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