Últimamente tengo la impresión de que me estoy quedando anticuada; de que el tiempo pasa y yo permanezco anclada en la tradición.
La primera vez que noté esta sensación fue hace unas semanas, cuando entré en una tienda a comprar una corbata. En la que antes me fijé (y que me satisfizo completamente) fue en una de color y dibujo clásico; y hacer esta elección no me supuso ningún esfuerzo. Pero cuando la dependienta me sugirió una muy rompedora, tuve que mirarla con otros ojos para advertir que era preciosa.
Y experimento el mismo efecto cuando oigo la radio o leo el periódico por las mañanas. Es como si la sociedad estuviera cambiando y yo no pudiera mudar con ella. Como si el concepto que tengo de las cosas (y que tanto influye en mi comportamiento) se estuviera quedando demodé. Recuerdo haber oído decir a personas muy mayores que se sentían extrañas en el mundo, y que por eso no les importaría morirse. ¿Será a ese estado al que estamos abocados si cumplimos muchos años?
Mi deseo de saber permanece intacto. Supongo que ahora, de lo que se trata es de cambiar los esquemas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario