sábado, 11 de mayo de 2019

Sobre juzgar a los demás


Una cosa que no hago nunca es juzgar a los otros. Y obro así, no porque no quiera que los otros me juzguen a mí (algo que por cierto me es indiferente), sino porque me parece una actividad carente de interés, poco edificante y en la que es muy fácil cometer injusticias. Además, no creo que el criticón desistiera de su inmundo hacer porque yo lo considerara o dejara de considerarlo previamente.
Me ha ocurrido a veces oír comentarios acerca de la actuación de alguien en determinada ocasión y he alucinado. Y la razón de mi asombro ha sido que el comportamiento descrito me ha resultado impropio del modo de ser de ese alguien y de sus virtudes. Y a la conclusión que llego (después de desechar que el susodicho esté fuera de juicio) es que tendrá motivos que justifiquen su manera de proceder.
A lo que me refiero es a que muy pocos mortales son héroes o santos. A que cada uno percibe las cosas a su manera y actúa en consecuencia; a que a veces, cuando la postura elegida no concuerda con la de los demás, es difícil mantenerla; a que es inadmisible que nos arroguemos la facultad de juzgar cuando con certeza, valemos infinitamente menos que aquello que estamos juzgando...

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