Ayer fue un día anodino, insustancial...Y no es que la mayoría de mis jornadas no lo sean; sino que ayer, esa insignificancia fue más acusada, y por la noche tuve la molesta impresión de haber desperdiciado mi vida. Y encima, esta mañana se ha apoderado de mí otra vez la sombra negra. Me refiero a esa postración moral que me entra de pronto, y que como viene se va.
Ahora actúo por simple rutina. En el horizonte no vislumbro nada que me pueda incentivar, y el tedio y la desgana me acompañan siempre. Con la telebasura he iniciado una relación masoquista: ella me envilece y yo me complazco y la veo más y más...
Mi amiga Maravillas dice que necesito encontrar una actividad que me seduzca, y que a ella me tengo que entregar enteramente. Que poner la imaginación y las energías al servicio de una causa es la mejor manera de desterrar la desazón. Y yo asiento. Y comprendo que una vida sin alicientes es muy difícil de sobrellevar, pero ¿dónde los encuentro? Durante mi vida en activo no cultivé ninguna afición ni hice amistades. Y tampoco soy una persona muy propensa al entusiasmo.
No sé qué hacer...

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