En cualquier tiempo y lugar he tenido mi propio criterio, y sostenerlo ha sido una necesidad. De joven lo defendía con vehemencia, y ahora lo hago con templanza; pero en ambos casos con la misma fuerza moral. Indudablemente, y como todo ser humano, para poder sobrevivir he tenido que ajustar mi conducta a determinadas reglas, aunque siempre he conservado mi estilo y mi forma de pensar.
He mantenido mi opinión frente al dictamen ajeno y nunca he soportado a aquéllos que, erigiéndose líderes, pretenden pastorear a los demás y dirigir sus voluntades. De hecho, en presencia de estas personas, a las que denomino reyes del mangoneo, me ahogo y literalmente no puedo respirar...
No concibo el trato que implica sometimiento. La gente tiene que ser libre de ir, venir o hacer lo que quiera. Y creo que en ningún caso se debe subordinar la propia opinión a la del otro.

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