sábado, 23 de febrero de 2019

Catalina, el oboísta y las navajas de Albacete


Cuando Catalina pasea por las calles de Albacete, le gusta pararse delante de las cuchillerías y mirar lo que se exhibe en sus escaparates. En ellos ve instrumentos cortantes de todas clases y tamaños; y algunos le parecen auténticas preciosidades.
Esta afición de Catalina por el acero no es en absoluto malsana. Se trata simplemente de que las navajas, cuchillos y demás son productos típicos de su tierra; y de que la susodicha disfruta contemplando el arte que sus paisanos son capaces de desplegar.
De joven, y durante un tiempo, Catalina llevó una navaja en el bolso. Para ella, este objeto era una especie de amuleto que le servía para reafirmar su condición de albaceteña y para acrecentar su fama de extravagante; y ambas cosas le encantaba ser.
Un día, cuando se estrenó “Anónimo veneciano”, un compañero que tocaba el oboe se llevó el instrumento a la facultad; y, en una clase vacía, interpretó para ella el Adagio del Concierto de Marcello del final de la película. Evidentemente, después de esta experiencia, Catalina le regaló su navaja por ser su bien más preciado; y después, el oboísta y ella se juraron amor eterno.

No hay comentarios: