En Barcelona llueve ininterrumpidamente; y yo, viendo en el periódico el anuncio de un próximo concierto de Adamo en la ciudad, me retrotraigo a los tiempos de mi adolescencia y juventud. ¡Cómo inflamaba nuestros corazones este cantante! Con su voz dulce y sus letras románticas enardecía nuestros sentimientos, y a veces nos llevaba al borde de la combustión. Cuando oí “En bandolera” por primera vez, me quedé extasiada; sentí mi alma embargada por la emoción y me puse a llorar como una Magdalena. Y cuando escuché “La nuit” (¡en francés!) me ocurrió otro tanto...
Y luego estaban los guateques. Esos bailes donde el cuerpo de los otros se hacía patente porque lo podíamos tocar; donde sentíamos el aliento de la cuerva rozándonos el cuello; las manos que se perdían por la cadera...
¡Qué grande eres Adamo!

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