sábado, 2 de febrero de 2019

El gran mangoneador


Maricarmen, Carmen Pive, Carmen, Lucía, Esteban, Juan: Salvador Dalí tiene un cuadro que se llama “El gran masturbador”, y yo tengo un conocido al que en secreto denomino “El gran mangoneador”. Anteayer estuve con él y por poco me da algo. Se pasó la tarde haciendo planes sobre un supuesto viaje conjunto en el que él sería orientador y líder. Y después, para más inri y en el colmo del delirio, se permitió darme consejos sobre cómo tenía que ir vestida a un evento al que próximamente tengo que asistir. Como llegué a casa sin poder respirar, necesité llevar al papel mi congoja para aliviarme: de ahí surgió “Mi propio criterio”.
Confieso que mi asignatura pendiente es la relación con los demás. Los otros me parecen previsibles y desconcertantes a la vez, y nunca he sabido cúal es la mejor manera de acercarme a ellos. Curiosamente no me cuesta hacer amigos y tengo muy buenas relaciones; pero con aquellos que no me conocen demasiado son frecuentes los malentendidos. No me suelo enfadar; y, en todo caso, me inflamo y desinflamo con igual facilidad y en cuestión de segundos; y el rencor y la mezquindad nunca han formado parte de mi ser.
Ayer lo pasé fatal porque tenía la sensación de haber herido a alguien con mi escrito. Si fue así, os puedo asegurar que no estuvo en mi ánimo hacerlo y que todo se debe a una mala interpretación. Sería una cretina integral o no estaría en mis cabales si hiciera algo que me pudiera enemistar con personas que me parecen extraordinarias.
Y por último quiero decir que para mí, estar despierta después de las nueve es trasnochar. Que anoche eran las nueve y media cuando se me ocurrió mirar el ordenador por última vez, y, que cuando vi el comentario de Carmen y me puse a contestarlo, de pronto me di cuenta de que estaba utilizando mucha expresión y locución ¡cosas del trasnoche! 

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