Antiguamente había un programa en televisión que se llamaba “Reina por un día”; aunque a mí, lo que verdaderamente me gustaría es ser hombre durante una semana. Y ésta no es una idea peregrina que se me acabe de ocurrir, sino que se trata de un deseo razonado.
En mi faceta de escritora, y para crear personajes verosímiles, puedo transformarme en una trapecista sintiendo el abismo bajo mis pies; en una artista de varietés filosofando después de quitarme las lentejuelas; en una anciana percibiendo cercano el final... Y hasta si me lo propongo, en una púbera sumergida en la confusión. Pero de lo que no soy capaz es de transmutarme en un padrino de boda embargado por la emoción, por ejemplo. No sé si me explico...
En lo que va de un lunes a un domingo, desearía experimentar los sentimientos y emociones que paralizan a los hombres en determinados momentos; sentir sus miedos y aprensiones; juzgar y presentir como ellos; reconocerme como tal...

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