sábado, 23 de febrero de 2019

La avinagrá


Seguro que García Lorca contaría infinitamente mejor que yo la siguiente historia; pero una servidora, con su estilo, lo va a intentar. Ocurrió por los años de 1960; en el tiempo en que a lo único que podían aspirar muchas mujeres era al matrimonio...

Cuando era pequeña, vivía en el pueblo una muchacha alta y de aspecto desangelado a la que decían “La avinagrá”. Nunca conocí su nombre verdadero, ni su edad, ni si tenía familia; solo sé que cada mañana, cuando me dirigía a la escuela, la veía delante de su casa limpiando la reja. Como parecía muy antipática y desabrida, por un lado me provocaba aversión; pero por otro me daba mucha pena porque su persona emanaba quintales y quintales de amargura.
Un día llegó al pueblo un afilador; y cuando la muchacha apareció con sus cuchillos, se prendaron uno del otro y al poco tiempo se casaron. Y fue entonces, en el tiempo en que la vida empezó a fluir por los vasos de la mujer vinagre, cuando ésta se transformó en dulcísima flor.


No hay comentarios: