sábado, 24 de noviembre de 2018

Nunca sin el bolso... ¡ni sin las gafas de sol!


Siempre me fascinó el estilo con que Grace Kelly llevaba el bolso; su manera de asirlo; cómo lo dejaba colgar de su muñeca... Y esta atracción irresistible se ha visto reflejada en mi preferencia por este tipo de complementos y en mi modo de portarlos.
El primer bolso que tuve era de charol, y más que bolso era bolsito. Me lo compraron allá en mi niñez, en una caseta de las que ponían en las Fiestas del pueblo. Apenas recuerdo cosas de aquellos días, pero sí que me veo sentada en la barrera de una plaza de toros portátil con mis amigas, tirando nuestros bolsos a la  arena una y otra vez. Supongo que esto ocurría antes de que empezara la lidia, y que los toreros o banderilleros que nos los devolvían, además de valentía, estaban cargados de paciencia.
El que tengo ahora es de marca, pero como lo adquirí en unos saldos me resultó muy barato. Es de color burdeos y con la tapa negra; y viene a ser el modelo estándar de bolso con asa. En él llevo algunos paquetes de pañuelos de papel; un lápiz con el capuchón de un bolígrafo; las gafas normales de ver y las negras de lucir...

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