Probablemente me tachéis de hereje, pero os quiero confesar que a mí no me gusta la poesía. Sé que se la juzga la forma de expresión más elevada, pero yo no soy capaz de apreciarla. Quizá me falta talento...
En la biblioteca de mi casa había libros de los más excelsos poetas y de pequeña los leí; pero en la adultez, mi deseo vehemente de leer lo satisfago siempre con prosa. Los versos sólo consiguen emocionarme cuando se hacen canción. Y así, si leo “Balada de otoño” de Antonio Machado, lo más seguro es que no sienta ni frío ni calor; pero si es la voz de Joan Manuel Serrat quien dice “Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve...”, entonces sí que me conmuevo. Y lo mismo me pasa con “Como tú” de León Felipe y Paco Ibáñez; y con “Elegía a Ramón Sijé” de Miguel Hernández y Serrat...
Una de mis mejores amigas es muy amante de la poesía, y este tema no lo tocamos nunca por lo que pueda pasar.

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