Ayer me acosté cuando aún era la tarde, y hoy me he levantado en el tiempo anterior a la madrugada. Estoy en medio de un silencio que sólo rompe el tictac del reloj y en mi cabeza hay un batiburrillo de ideas inconexas que pugnan por ser desarrolladas y llevadas al papel. Inmersa en este caos en el que no sé si hablar de las relaciones entre suegra y nuera; del ahogo que me provoca todo lo que huele a organización; o de las exigencias morales que condicionan nuestro proceder, me acuerdo de los lectores y a ellos voy a dedicar estas líneas.
Pienso en los que hoy las leerán y en las diferentes maneras que tendrán de corresponderme. En aquellos que me emocionarán con sus palabras y en los que me harán saber con sus elocuentes silencios. En los que manifestarán su parecer valiéndose de un emoticono y en los que no dirán ni mu pero volverán a dejar su huella en mi lista de lectores; en los que disfrutarán y en los que se aburrirán; en todos aquellos que me dedican su tiempo con infinita paciencia...

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