sábado, 24 de noviembre de 2018

El numerito de Obdulia


Ayer, mi amiga Obdulia y su marido fueron con sus consuegros y con los hijos respectivos a elegir el menú de la próxima boda de éstos, y todo acabó como el rosario de la aurora.
Obdulia es muy marimandona, y pretende que siempre se haga su voluntad; pero como ni su hija ni su yerno son dóciles, todos lo preparativos están resultando de lo más desagradable.
Se le metió en la cabeza que el color del traje del novio tenía que ser azul noche por considerarlo el súmmum de la elegancia. Pues bien, cuando a  punto de iniciar la cata se enteró de que iba a ser gris oscuro, se le cerró la garganta y como no podía tragar tuvieron que retrasar el empiece de la comida. En este interín, y sin poder disimular el berrinche, se llevó a su hija al cuarto de baño para darle las quejas; y, cuando ésta le contestó que su novio tenía igual derecho que ella misma a escoger su indumentaria, se encontró sin argumentos.
Total, que cuando por fin se le abrió la garganta y pudieron pasar a la degustación, Obdulia se volvió a enfadar porque no iba a ser su opinión la que más contara. Y como la estaba sacando de quicio ver al marido y a los consuegros comiendo y bebiendo sin parar, y pasándoselo bien, se levantó y se fue del restaurante dejándolos a todos pasmados.
Después, entre el resto de comensales todo fue disenso y acabaron por desbandarse (la hija y el padre por un lado y el chico con los suyos por otro).

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