Hace un rato, oyendo a Antonio Machín cantar “Corazón loco”, he pensado que si él puede explicar una relación simultánea con dos mujeres, también puedo hacerlo yo con dos hombres. Allá voy. No os riáis, por favor.
En aquel apartamento sin muebles me encontraba contigo. Estaba cerca de la Plaza Molina; y las únicas cosas que contenía eran una manta en el suelo, un tocadiscos y algunos elepés. Allí dentro teníamos nuestra vida secreta. Ésa en la que no había nada determinado y en la que no existía el antes y el después. Como dueños absolutos de nuestros cuerpos, éramos nosotros los que fijábamos cada tarde los términos de la mutua entrega; y transgredíamos la reglas del orden establecido una y otra vez...
Y fuera de aquella casa estaba mi vida pública, convencional y con proyecto de futuro. La que correspondía a una universitaria veinteañera y con novio formal. Esa vida que me oprimía y no me dejaba respirar.

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