sábado, 24 de noviembre de 2018

Mi desparpajo al hablar


Tengo la sensación de que mis palabras muchas veces os desconciertan; y, para que esto no ocurra, quiero explicaros un poco cómo soy. Yo me crié en un ambiente intelectualmente avanzado y de lo más exigente en cuanto a preceptos morales. Y así, mi decir y mi comportamiento pueden resultar completamente dispares. Por ejemplo: uno de mis libros favoritos siempre ha sido “El fin de la aventura” de Graham Greene. Esta novela trata del adulterio entre un escritor y una mujer casada; de cómo pesa en la relación la condición de católica de ella; del remordimiento... Bien, pues el hecho de que la lealtad sea para mí un valor inquebrantable no me impide reconocer el mérito de esta obra; comprender la situación y hasta identificarme con los personajes.
Y luego están las palabras que a veces utilizo para darme a entender. Os diré que no me gusta la grandilocuencia; que paso de esa solemnidad con que viene envuelta frecuentemente la estupidez; y que intento expresarme con naturalidad. Conozco el lenguaje académico, el coloquial y el malsonante. Puedo hablar en román paladino y de manera enmarañada; en castizo y con extranjerismos..., y escojo siempre lo que me parece mejor.
En fin, que a riesgo de herir alguna sensibilidad (y por lo cual pido perdón), espero poder seguir hablando con total desembarazo. 

No hay comentarios: