lunes, 30 de octubre de 2017

Coser y bordar


En cuestión de costura, mis hermanas y yo éramos un desastre; una calamidad... Hacer bien un bodoque o una vainica significaba para nosotras una meta imposible de alcanzar; un reto que nos presentaba más dificultades que el que hubiera representado, para un lego en matemáticas, un logaritmo neperiano.
Ante este panorama, durante un verano acudimos a las clases que impartía una costurera famosa en toda la comarca por sus dotes didácticas, pero nada pudo hacer. Todo se nos resistía: el hilván, el punto de cruz, el simple pespunte... La maña y nosotras éramos imposibles de cuadrar. 
Aquel verano nos hartamos de polos para poder sobrellevar el calor que hacía en aquella clase; nos aburrimos, oyendo hablar de cosas que no entendíamos a las novias que preparaban sus ajuares; hicimos feos agujeros donde tendría que haber habido ojales; destrozamos camisetas intentando bordar en ellas un áncora; compartimos experiencias que nos unieron más y contribuyeron a hacernos ser lo que somos...

No hay comentarios: