lunes, 30 de octubre de 2017

Catalunya, mon amour


Siento incredulidad, incerteza, ansiedad, miedo, pena... Ayer fui de paseo y vi caras de felicidad, pero también vi muchas de desolación y tristeza. En las imágenes del Parlament que ofreció la televisión, observé rostros triunfantes, emocionados, de preocupación...; pero el entusiasmo general brilló por su ausencia.
Tengo la cabeza atiborrada de información y estoy permanentemente irritada; pero si cierro los canales que me la proporcionan, al instante siento ansiedad y tengo que volver a abrirlos. La misma agitación me acomete cuando entre las noticias aparece alguna que no tiene que ver con el tema.
Con mis más próximos y que piensan como yo, no hablo de otra cosa. Y con los que disienten, y también son cercanos, trato vaguedades.
En la calle no hay otro tema de conversación. Los vecinos que no son de la misma cuerda tienen un trato correcto, pero muchos se miran de reojo.
Extraño la Barcelona de hace unos años. Esa ciudad que dejaba boquiabiertos a todos los visitantes porque era un faro de novedades, cultura y libertad. Anhelo que esa Barcelona vuelva; y que todos los catalanes (cada uno con sus ideas) podamos vivir en armonía, progreso y libertad. 

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