sábado, 7 de octubre de 2017

Dicen


Dicen que el tiempo diluye el efecto de las cosas. También dicen que a los días aciagos les siguen días felices. Pero lo que nadie dice es que, cuando el ánimo está herido, el tiempo transcurre muy lentamente; y que el mañana venturoso por llegar puede no estar tan cerca.
Hay noches en las que cuando me acuesto, deseo que las pocas horas que voy a estar durmiendo se conviertan en un mes; y que la suerte que está por llegar lo haga cuanto antes. Luego, en la madrugada, cuando abro los ojos advierto que el mal que me atenaza sigue estando ahí; y según pasan las horas, también me percato de que ese no va a ser el día en que llegue la felicidad.   

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