Una vez, cuando aún solíamos pagar con dinero contante y sonante, fui a comprar comida a un comercio que tenía, nada más entrar, expositores con libros y películas. Me acerqué para echarles un vistazo y, en el primero, vi una obra de Bill S. Ballinger llamada “El diente y la uña”. Este título tan sugerente me cautivó el ánimo y, como soy una entusiasta de la novela negra, ipso facto lo adquirí.
Luego pasé a las cintas de vídeo. Aquí había infinidad de grandes películas, pero Cary Grant y Deborah Kerr me sedujeron desde la carátula de “Tú y Yo”, y esta empedernida cinéfila no se pudo resistir.
Cuando salí de aquella sección, todo el dinero que llevaba en el monedero para comprar alimentos había desaparecido, y no tuve ni para pan; pero volví contenta a casa dispuesta a leer el libro y a rever la película.
Y lo mejor fue el colofón que tuvo esta historia. Cuando llegué a casa y le conté a una amiga lo sucedido, ésta respondió: “¡Pero mira que eres rara, jodía!”

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