miércoles, 10 de octubre de 2018

¡Jesús, María y José!


Micaela: ¿te acuerdas de cuando vimos aparecer aquel cochazo por la calle Mayor? Tenía una largura impresionante; era descapotable y alado; nos dejó sin habla...
Cuando estuvo cerca descubrimos que lo guiaba un hombre con bigote y patillas; y que traía dos pasajeras con vestidos muy llamativos.
Se detuvo en la puerta de la fonda y en un instante se formó un corrillo de curiosos a su alrededor, pero nosotras logramos colarnos y nos colocamos en primera fila.
Un vecino muy leído y escribido aseguró en voz alta que aquel vehículo se llamaba haiga; y cuando se puso a cuchichear con el hombre que tenía a su lado, conseguimos oír la palabra “pilingui”.
Para que no se nos olvidara, fuimos repitiendo el vocablo hasta la casa de tu abuela; y, cuando le preguntamos por su significado después de referirle lo sucedido, ésta se santiguó y mirando al cielo exclamó: ¡Jesús, María y José!
Todo esto debió de suceder por los años de 1960. Lo digo porque me parece recordar que nos faltaba poco para hacer la Primera Comunión. De lo que sí estoy segura es de que, en el momento en que vislumbramos el coche, estábamos jugando al tejo.

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