domingo, 28 de octubre de 2018

La confesión de Erótida


Aunque tengo títulos académicos para dar y tomar, cuando alguien me pregunta que qué soy, yo le respondo que jotera. Y es que, de todos los papeles que he tenido que cumplir en la vida, y dejando aparte el de madre, el que más me ha gustado desempeñar es el de compositora de jotas. Es con el que más me he identificado; en el que he dado lo mejor de mí misma y con el que me he sentido completamente realizada.
Sin preparación específica para mi labor creadora y con sólo mi acervo cultural, me atrevo hasta a componer jotas de picadillo. Y esto no ocurre por arte de birlibirloque: sucede porque, cuando ejecuto esta tarea, mi capacidad se junta con mi inclinación y mi entusiasmo no tiene límite.
De lo que más orgullosa me siento es de mis composiciones musicales. Y ahora, además, por fin tengo una profesión que poner en la lápida que guarde mis cenizas.

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