domingo, 28 de octubre de 2018

Si tú supieras


A veces, cuando visito un camposanto, me imagino que los espíritus de los muertos que alberga permanecen allí. Si sucede que el cuerpo yacente es el de una persona insigne, tengo la sensación de que su alma corretea por los alrededores con ganas de chanza. Y, si además se trata de alguien de quien soy admiradora, la fantasía puede ser tan intensa que me parece estar viéndolo. Es lo que me ocurrió en el Cementerio Père Lachaise de París. Por un momento tuve delante la imagen de Édith Piaf cantándole “La Vie en Rose” a Théo Sarapo; y, al rato, Oscar Wilde me guiñó un ojo como queriéndome decir “si tú supieras...”
En el Cementerio de Collserola, cerca de Barcelona, en esa necrópolis con bloques y bloques de nichos ocupando la montaña, la mayoría de los espíritus, al menos para mí, no tienen nombre ni apellidos. Me los figuro bajando para el llano, en una procesión interminable, a la manera de esos desfiles de modelos en los que ninguno parece tener individualidad.
¿Y  los espíritus de Montjuic (Barcelona)? ¡Esos sí que tienen buenas vistas!
Y a los de mi pueblo los revivo cada vez que los recuerdo...

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