domingo, 30 de septiembre de 2018

Una monja de modales untuosos


Si hoy escribiera un diario, lo haría pensando en que, antes o después, iba a ser leído por un fisgón de esos que siempre acechan. Por consecuencia, omitiría todo aquello que atañera a mi intimidad, y me centraría en ser ocurrente y escribir con estilo. Resumiendo, que mi supuesto “diario” sería más un divertimento que un relato fehaciente de mi vida.
Pero hubo un tiempo en que sí escribí un diario de verdad. Fue cuando estaba en la pubertad y mi cuerpo empezó a transformarse. Entonces, toda yo me convertí en un revoltijo de sensaciones que me desconcertaban y me llenaban de vergüenza y desasosiego. Necesitaba verbalizarlos, así que los plasmé en el papel...
El cuaderno que contenía mis secretos venía siempre conmigo; pero he aquí que un día lo olvidé en el pupitre y una monja de modales untuosos me lo quitó.

No hay comentarios: