domingo, 30 de septiembre de 2018

Mi primo Juan


Cuando pienso en mi primo Juan, me viene a la cabeza la imagen de los dos sentados en el alféizar de una ventana, escuchando música. Fue durante el último verano que pasamos juntos, y recuerdo que estuvimos hablando de psiquiatría, de sueños y de migas con uva.
El primer tema era recurrente: mi primo quería ser psiquiatra y las dos primeras cabezas que pensaba analizar eran la suya y la mía. A hablar de sueños nos incitó Mari Trini y su canción “Déjame”, que sonaba en ese momento en el tocadiscos; y lo de mentar las migas era obligado, pues esa noche íbamos a asistir a una cena en la que éstas se adivinaban el plato principal.
Mi primo y yo nos teníamos un cariño inconmensurable que no soy capaz de encasillar. Era diferente del que se puede sentir por los hermanos, por los amigos, por los amantes... Por mi parte estuvo libre de deseo, y doy por cierto que por la de él también. A partir de aquel verano nuestras vidas se separaron; y, hasta que él murió, sólo nos vimos en algunos eventos familiares. Y era en estas ocasiones, al abrazarnos, cuando los dos comprobábamos que nuestro amor seguía intacto. Esto nos llevó a pensar que perduraría siempre...

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