En estos días que me invade la desgana, me acuerdo de aquellos sermones en los que los clérigos nos advertían de los peligros de caer en la molicie y nos apremiaban a luchar contra ella. Me pregunto si no estaré yo despeñándome por ese detritus de descomposición espiritual que significa la grata pereza y no acabaré convertida en una gandula.
Durante toda mi vida he sido diligente y presta en el obrar. Pero ahora, esa fuerza que me impelía a hacer las cosas la siento con menos intensidad; y las más de las veces pienso que no merece la pena esforzarse. Siempre he sentido desdén por los remolones; y resulta que estoy comportándome como ellos.
He pensado aprender baile de salón. Quizá, si me decido, me ayudará a salir de este estado.

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