domingo, 30 de septiembre de 2018

Ataraxia


Por como estaban los animales de revolucionados, pareciera que fuera a venir el fin del mundo. Las moscas habían invadido la casa y no nos dejaban vivir. Formaban nubes que oscurecían la atmósfera; y no dejaban de posarse en enseres, alimentos y comida. Para mayor desesperación, los malditos insectos se apelotonaban alrededor  de las cavidades corporales pugnando por introducirse en ellas, y esto nos obligaba a ir con mascarilla.
Y con las aves, reptiles y felinos sucedía otro tanto. Los pájaros irrumpían por las ventanas y ocupaban los anaqueles. Las salamanquesas, indiferentes a la presencia humana, trepaban por las paredes desnudas, cual si fuesen las señoras del lugar. Y los gatos saltaban la tapia del patio buscando pájaros y ratones.
Ante la ocupación animal y con el paso de los días, los habitantes de la casa fuimos perdiendo el juicio. Bueno, todos no: mi marido permaneció imperturbable.

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