Uno de mis personajes cinematográficos preferidos es Isabel, la protagonista de “Calle Mayor”, la magnífica película de Bardem. Y la canción “La tieta”, de Serrat, me resulta entrañable. Siempre me infundieron una gran ternura esas solteronas de antaño que se me representaban como mujeres marchitas.
Conocí a una a la que dejó el novio con todo el ajuar hecho; a otra a la que, por esperar demasiado al pretendiente perfecto, se le pasó el arroz; a otra que se demoró en dar el sí a una propuesta de relaciones formales y ya no tuvo ocasión...
Sé como anidaba en ellas la esperanza cuando aparecía en el pueblo un nuevo médico o veterinario soltero... Y como se desvanecía cuando el susodicho tenía novia o elegía a otra (generalmente más joven) del lugar.
Y sé que todas estaban enteras como su madre las parió; que tenían sueños y deseos confusos que las turbaban y que nunca se atrevieron a verbalizar; que sabían que provocaban risas y piedad; que a veces se sentían ridículas; pero que por encima de todo tenían que guardar su reputación...

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