domingo, 19 de noviembre de 2017

¡Nos hemos casado!


Mi novio y yo nos acabamos de casar, aquí en Nueva York. Cuando regresemos a España y se enteren nuestros padres se van a llevar un disgusto de muerte, pero no teníamos otra opción.
En el momento en el que les comunicamos nuestra intención de contraer matrimonio, se alegraron y parecía que todo iba a transcurrir sin dificultades; pero fue descubrir el luga elegido para la ceremonia y empezar los problemas.
Excepto en que nos casáramos por la Iglesia (en esto estábamos todos de acuerdo), en lo demás cada uno tenía su parecer. Nosotros queríamos celebrar la boda en Oporto porque ambos estuvimos trabajando allí y es una ciudad que nos encanta. A  mi madre le parecía bien el sitio siempre que no hubiera invitados: aducía que el gasto y las molestias que les íbamos a ocasionar superaba muy mucho a lo ordinario. Mi ya suegra quería una boda convencional en Barcelona; su marido, aburrido, se desentendía; mi padre intentaba templar gaitas sin conseguirlo...
En fin; que ante la imposibilidad de ponernos de acuerdo, decidimos llevarlo a cabo sin ellos.

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