Desde que murió mi marido siento una soledad inmensa; un vacío que no puedo llenar con nada ni con nadie. Durante el día, estoy embebida en mi profesión de historiadora o salgo con mis amigos. Pero cuando llega la noche, en el momento en que cierro la puerta de mi casa o apago el ordenador, siento que un agujero negro me absorbe y me consume por entero.
De vez en cuando tengo proposiciones completamente honestas de caballeros en mi misma situación. La última provino de un catedrático de Filología China Mandarina muy atractivo, pero lo rechacé como a todos. No hay nadie que pueda quitarme esa sensación de vacío que me atenaza; ninguna persona capaz de descolgarme de esa cuerda de la que pendo, inerte, al borde de un abismo.
Y luego está el tema del sexo. A estas alturas de mi vida no me apetece; y me sería tremendamente incómodo, o sentiría rechazo, a tener que practicarlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario