sábado, 25 de noviembre de 2017

Haciendo gimnasia con mi álter ego


Esta madrugada he hecho gimnasia con mi álter ego. Enfundados en sendos pijamas de algodón (no estamos para mallas ajustadas) y calcetines a juego, hemos empezado separando las piernas y tocando el suelo con las manos a un lado y al otro. Sin perder el conteo y mirándonos ora sí, ora no, hemos hablado de la grandilocuencia y el abaratamiento de las cosas; de las tonterías revestidas de solemnidad y de la demagogia.
Después, cuando arrodillados en el suelo arrastrábamos nuestros pompis hasta sentarlos a la derecha y a la izquierda, le ha tocado el turno a la grandeza y a la humildad; al pudor que se siente cuando uno se acerca a lo trascendental y a la mejor manera de abordarlo.
Haciendo la bicicleta, hemos platicado acerca de las frustraciones  que acarrea estar fuera de sitio; y, girando el torso por mor de conservar la cintura, sobre el desparpajo y la aparente frivolidad.
Al final, estando en posición decúbito supino sobre la colchoneta, mi álter ego y yo hemos convenido en que sólo los que comprenden la vida en su verdadera dimensión son capaces de tomársela a broma.

No hay comentarios: