¡Enhoramala se me ha ocurrido salir a pasear con Evaristo! ¡Este hombre es un agorero! Vamos en dirección a La Cañada y la experiencia está resultando fatal. Todo lo que dice este tío es desfavorable; y, además, como se expresa con tanta ampulosidad, el efecto que producen sus palabras llega a ser demoledor.
Ahora está hablando de la senectud. Asegura que dicho período de la vida en el que ambos nos encontramos es un horror. Lo define como una senda hacia el ocaso empedrada de alifafes. ¿Se puede ser más pesimista y más cursi? Creo que no; sin embargo, el paisano sigue y sigue... que si el cuerpo y la mente se van deteriorando sin parar; que si cuando no se presenta una dolencia aparece otra, o dos o tres a la vez...
A mí me dan ganas de salir corriendo; huir de este cenizo que me está amargando la tarde. Intento explicarle la receta del potaje con cardillos para cambiar de conversación, pero no hay manera. La única esperanza que me queda es que, cuando arribemos a nuestro destino, él se ponga a platicar con el dueño de la finca y yo me pueda bañar en la balsa de riego...
Nieves Correas Cantos

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