De pequeña, mi canción favorita era “Vamos a contar mentiras”. Recuerdo que la primera vez que la oí me prendé de ella. Sucedió en una fiesta de san Marcos; durante esas celebraciones camperas en las que las normas de conducta se relajaban y estaba permitido disparatar...
Fue Robustiano, alias el Bolero, quien comenzó a entonarla mientras los chiquillos nos esclafábamos huevos duros en la cabeza. Me acuerdo de que mi asombro fue tan grande que en ese momento abandoné la batalla y me dediqué a escuchar:
“Ahora que vamos despacio
ahora que vamos despacio
vamos a contar mentiras, tralará
vamos a contar mentiras.
Por el mar corren las liebres
por el mar corren las liebres
por el monte las sardinas, tralará
por el monte las sardinas...”
Verdaderamente la copla me cautivó. Me imaginé la ladera del cerro Tomatón llena de peces excursionistas y aluciné con la representación. ¡Aquellas estrofas habían venido a mostrarme el poder del ingenio!
Enseguida aprendí el cantar y lo convertí en un himno. Cada vez que vocalizaba su letra, lo hacía en éxtasis. ¡Ni las marchas patrióticas que interpretábamos en la escuela me provocaban tanto fervor! Ciertos cánticos religiosos también me arrobaban el espíritu; mas las impresiones experimentadas eran diferentes...
Nieves Correas Cantos

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