Nunca he soportado los toqueteos en público; ni como actora ni como observadora. Las muestras de cariño (y mucho más las de pasión) a la vista de todos siempre me han parecido obscenas, ofensivas al pudor...
Me he mostrado con tanta circunspección y he sido tan estricta en no sacar de la intimidad nada de lo que a ella le perteneciera que, cuando noviaba, mi prometido y yo más parecíamos una pareja de guardiaciviles que de enamorados.
Tampoco he ido jamás asida de la mano; ni de bracete... y eso a pesar de que soy un poco coja y de que tal práctica hubiera mejorado mi andar.
De lo que no me he privado en ningún tiempo y lugar es de esa caricia que consiste en que te rocen un instante la cintura...

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