sábado, 19 de diciembre de 2020

EL APETITO MALSANO DE UNA TELEFONISTA-1970

 Sí, soy una cotilla. Mas me gustaría añadir que esta avidez por enterarme de los secretos de los demás no es un vicio, sino una enfermedad. Una pasión que no puedo reprimir y que me condiciona. Es cierto que antes de trabajar de telefonista ya mostraba propensión al chismorreo; pero es que desde que soy la encargada de la centralita del pueblo no puedo parar. A través de las líneas me llega lo oculto y mi morbo no deja de crecer...

Como sé que no debo escuchar las conversaciones de los abonados, procuro obrar con la máxima astucia, aunque esta mañana he tenido un desliz que me puede costar caro. Ha sido cuando Paca Nifú le estaba contando a Pepa Nifá las virtudes de no sé qué artilugio que se había comprado en París; y a mí, que soy una puritana, se me ha escapado una recriminación adjetival que las ha anonadado por completo.

¡Veremos cómo queda todo!

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