Yo de pequeña era muy leída y escribida; pero como también era muy dada al fantaseo, cuando me tragué la mosca lo pasé fatal. Esto debió de ocurrir por los años de 1961, poco después de que en el cine del pueblo echaran la película “Un rayo de luz”, de Marisol.
Supongo que sucedió por entonces porque no me podía quitar de la cabeza la canción “Corre, corre caballito” del mencionado filme; y esto explicaría por qué el insecto atravesó mi garganta en el momento en que gorgoriteaba dicha melodía.
En condiciones normales, la ingestión de un díptero tan repulsivo sólo me hubiera provocado asco e insatisfacción, ya que sabía como estaba constituido el cuerpo humano. Pero había salido a pasear en bicicleta con mi amiga Presentación y ella me dio la tarde. Bastó con que asegurara que a una prima suya le habían descubierto colgando de una costilla una pulsera que había engullido, para que yo comenzara a sentir el bicho revoloteando por todo mi interior.

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