En las situaciones rocambolescas me crezco. La amenaza del ridículo, lejos de amedrentarme, me estimula el ingenio y me añade un plus de atrevimiento que me ayuda a salir airosa del apuro. ¡Y cuidado que me he visto en conflictos de difícil resolución! No sé si se debe a mi desmaña o ha sido la casualidad, pero me he encontrado en circunstancias en las que podría haberme muerto de vergüenza... Mas siempre he conseguido resultar aguda.
Una vez, en unos grandes almacenes, resbalé y fui a dar en el suelo. En medio del gentío, el porrazo de una mujer metida en carnes como yo debió de parecer un espectáculo tragicómico. Pues bien, en lugar de sentirme vencida por la humillación, me levanté con el garbo que pude; y a continuación, con voz alta y clara, les anuncié que acababan de presenciar la caída de graves. Ante mi comunicación, la mayoría quedó desconcertada; pero los que sabían de física comenzaron a aplaudir.

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