Me gustaría escribir una historia para niños que se titulara “Aurora y el pendiente Nonisín”. Un cuento con ilustraciones que también haría yo y que, como su nombre indica, trataría de la amistad entre la pequeña Aurora y un zarcillo gigante. Un arete que había adquirido un tamaño descomunal a causa de un chorretón de perfume que le alcanzó de lleno cuando colgaba de la perilla de la oreja izquierda de una marquesa.
Pero el problema es que no sé cómo contarle a un crío semejante fantasía. He pasado muchos años sin relacionarme con estos seres diminutos, y las palabras que utilizaba para comunicarme con ellos se han ido de mi memoria. En la actualidad, el mundo que habitan es un arcano para mí, siéndome imposible llegar a alcanzarlo.

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