sábado, 19 de diciembre de 2020

CANISIA Y EL ESPALDAR DE UNA SILLA

 Una vez, de pequeña, intenté pasar la cabeza por entre los maderos horizontales del respaldo de una silla. La niñera que me cuidaba, cuando advirtió mis intenciones, me dijo que no lo volviera a hacer y redobló la vigilancia; pero como yo era muy obstinada lo procuré de nuevo...

Fue un mediodía en el que todos los moradores de la casa andaban trastornados porque había veintidós frailes convidados a comer. Un momento en el que por tal motivo todo funcionaba fuera de su estado natural y nadie reparaba en mí; la ocasión que aproveché para concluir mi experimento...

Viéndome sola delante de aquel espaldar que me atraía de manera irresistible, hice una extraña torsión con el cuello y mi testa atravesó sus barrotes. Lo malo es que luego no la pude desatravesar y acabé dando el espectáculo: a mis lloros y gritos acudieron religiosos y seglares y aquello fue un pandemonio...

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