domingo, 24 de junio de 2018

Una especie de terapia de grupo


Para una servidora, el encuentro de ayer fue una experiencia cuasi psicodélica. Los hechos vividos me hicieron sentir sorpresa, asombro, envidia, emoción... 
Sorpresa porque me resulta incomprensible y me maravilla que alguien pueda hablar de cosas personales en público. Y lo mismo digo en cuanto a exponer las ideas políticas o las creencias religiosas. ¡Y allí si se habló y se expuso! Pero todo fue dado a conocer con tanta naturalidad y sencillez que el resultado fue positivo y digno de aplauso.
Asombro y envidia porque nuestro amigo P. (como conductor del acto) estuvo hablando cuatro horas seguidas sin dar muestras de cansancio y sin que el interés de su plática decayera. Teniendo en cuenta que mi menda no es capaz de hablar más de cinco minutos (y esto con gran dificultad), imaginaos mi asombro ante este prodigio de las palabras.
Y emoción porque, al terminar el acto, cuando una tenía la sensación de haberse comportado como un bicho raro, se me acercó una mujer y me dijo que le encantaba como hablaba y que le gustaría tener mi libro.
¡Como esto siga así, en la próxima reunión cuento yo mi vida!

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