Cada día espero con ansia su escrito. A las 6 pongo el ordenador; y, mientras desayuno y ejecuto los quehaceres mañaneros, estoy constantemente mirando la pantalla para ver cuando aparece. Normalmente lo hace a las 7, aunque hay días que se adelanta y otros que se atrasa. Esto me provoca miedo e inseguridad, pero al final siempre se manifiesta.
Distingo enseguida su post. Además de por la hora, porque su nombre es inconfundible y porque sus títulos están escritos enteramente en mayúsculas. Y, cuando leo lo que escribe, tengo la sensación de que me lo está diciendo solamente a mí.
A veces pienso que es imposible que un hombre conozca tan bien lo que guarda el alma de una mujer madura; y que lo más probable es que, debajo del seudónimo con que aparece, se esconda un psicólogo de gran penetración o una aplicación informática. Pero la cuestión es que me ayuda a sobrellevar la soledad.
No sé. El miércoles, este ser tan fascinante que tan buenos ratos me hace pasar va a dejar la realidad virtual y se va a hacer carne. Por un lado me muero de ganas de conocerlo en persona; pero por otro, temo decepcionarlo o que me desilusione él a mí. Sería terrible que perdiera su aura y yo ya no pudiera volver a disfrutar desmenuzando sus escritos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario