Ayer, cuando estaba sentada en un banco del bulevar, vino a ponerse a mi lado un anciano de buen porte. Entablamos conversación y me dijo que era de La Mancha; y que estaba en Barcelona con motivo de un entierro. Al decirle que yo también provenía de aquellas tierras, se estableció entre nosotros una ligazón que nos llevó a sentarnos en una terraza y a tomarnos un chartreuse. Y así, inspirados por la bebida espiritosa y confortados por la luz y el calor del sol, nos entregamos a las revelaciones.
Mi paisano declaró que era veterinario y cofundador del Círculo de La Terrera; un grupo semejante al de Bloomsbury que existió en la región manchega por los años de 1960. Me habló de los miembros que lo componían y de sus audaces y novedosas ideas; de la pacatería y los convencionalismos de las personas entre las que tenían que vivir; de la atmósfera opresiva y asfixiante de aquellos tiempos; de amores cruzados y no correspondidos...

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