Cuando camino, voy emanando tristeza; y en los momentos en que estoy parado, también. Así que soy un foco continuo de pesadumbre. Mis amigos, con ironía, me llaman la alegría de la huerta y el hombre alborozado. Y a mí, tanta coña marinera no me puede molestar ya que es el modo que tienen los pobres de contrarrestar mi lóbrego influjo.
Las que sí me parecen vejatorias y me duelen son las actuaciones de algunos desconocidos. Gente que por mi aspecto me considera un gafe y se niega a hacer la lotería primitiva en mi presencia, o que, debido al mismo motivo, se persignan al verme pasar...
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario