martes, 7 de enero de 2025

EL GRAN CAFETÍN

 Hormisdas, el dueño del Gran Cafetín, cortaba el chorro de la leche condensada que servía a los clientes con la lengua. Sí, en vez de utilizar una espátula para tal fin, se valía de su ulcerosa culebra. Lo sé porque un día lo descubrí en plena operación. Escondido detrás de la barra, lamía los bordes del agujero por donde acababa de salir el azucarado brebaje mientras musitaba sin parar: ¡Mmmm, qué bueno! ¡Mmmm, qué bueno!

A mí, la visión de Hormisdas henchido de placer lacticíneo me descolocó. Recuerdo que comencé a vocear la palabra “guarrindongo” y que hasta me salió un sarpullido... 

Nieves Correas Cantos


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