Yo no me podía llamar Juan o Pedro como todo el mundo. No; a mí me tenían que poner de nombre Hormisdas; así, tal cual suena. Semejante gracia se la debo a mi abuelo Donaciano, un viejo extravagante que convenció a mi madre para que me bautizara de esta manera. ¡Y menuda faena me hicieron los dos con el nombrecito! Porque tal denominación, tan rara por estos parajes, siempre me ha dejado expuesto a las bromas de los garrulos de la aldea. Chanzas que en muchos casos no han pasado de ser simples inocentadas, pero que en otros resultan burlas sangrientas...
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario