En el fondo de mi memoria existen imágenes de una boda que se celebró en un tiempo remoto e indeterminado. Dicho casamiento debía de ser de gente importante ya que al mismo acudió un invitado conduciendo un haiga y hasta una mujer con una corona de gemas orientales en la cabeza. A los que morábamos en el lugar donde acaecieron los hechos, tal despliegue de extravagancias nos aturdió. Acostumbrados a vivir de una manera sencilla, jamás habíamos visto un coche de semejantes proporciones ni tampoco a una fémina que llevase tiara. A mí me llamó particularmente la atención una convidada grácil y esbelta que lucía un vestido multicolor. Recuerdo que sus movimientos eran tan delicados que, cuando andaba, parecía una mariposa desplazándose por el aire...
Nieves Correas Cantos

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